Una tarde estival

Era una tarde soleada. El agudo calor estival que venía azotando durante todo el día de caminata empezaba a remitir. El sol dibujaba un cielo cargado de naranjas y rojos que se fundían al horizonte con los interminables sembríos que a lado y lado del camino cubrían de marrones claros hasta que alcanzaba la vista. Bajo la sombra del único arbol que se había cruzado durante la última media hora de camino, hacía una pequeña pausa nuestra protagonista. Apoyada en él mientras admiraba el espectaculo de bermellones, granatas y carmesíes bebía de su cantimplora el agua fresca que había recogido de un pozo que se había cruzado poco antes durante esa misma tarde.

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