Las fracturas de un país sin memoria. Una oda a la convivencia.

Un país sumido en crisis en el que muchos de sus jóvenes se ven en la necesidad de buscar futuro en el extranjero. Un país donde los titulares de hace un par de años retrataban drama social, manifestaciones contra recortes, profesores, alumnos, enfermeros, médicos y pacientes en las calles. Un país invadido por un pesimismo económico generalizado durante más de un lustro. Un país en el que el estado se preocupa por rescatar con dinero público bancos privados mientras familias sin recursos son desahuciadas de sus casas, o ancianos sin formación son estafados por agentes bancarios sin escrúpulos.

Un país en el que todos y cada uno de los principales partidos políticos han estado envueltos en escándalos de corrupción. Un país donde el actual jefe del gobierno asiste a declarar como testigo de los casos de corrupción de su propio partido. Un país en el que la misma Jefatura del Estado se ve envuelta indirectamente en estos mismos escándalos de corrupción. Un país donde los medios se interesan más por vender el escándalo que por informar debidamente sobre el delito. Un país en el que la ideología se mide por el odio hacia el adversario en lugar de las simpatías hacia los tuyos.

Un país donde la marihuana se requisa y el opio (fútbol) se televisa. Un país donde el pueblo en crisis clama en redes sociales la absolución de deportistas de élite, millonarios, imputados por delitos de evasión fiscal. Un país donde el deporte se politiza innecesariamente y donde odiar al contrincante es tan importante como el cariño por tu equipo.

Un país en el que las tertulias se ganan a gritos y no por el peso de tus argumentos. Donde si tus eses suenan a zetas eres un cateto, si llevas coleta eres un radical y si te quitas la corbata te haces más de izquierdas. Un país donde ser de derechas está mal visto.

Un país donde la izquierda sufre ataques por parte de la ultraderecha, donde representantes de la izquierda revientan coches de las fuerzas del orden. Un país en el que por amarlo se te tacha de facha. Donde por simpatizar con la idea de referéndums se te tacha de rojo. Un país en cuyas cuentas aún yacen los restos del último conflicto entre fachas y rojos.

Un país sin memoria, un país fracturado.

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