Desconcertada

Gracias a Umberto Eco, gracias a una de sus obras maestras, “El cementerio de Praga”/”The Prague Cementery”, me he animado a resucitar un estilo aparcado por mucho tiempo. A través de Eco la complejidad sintáctica desprende belleza. Este relato no es sino un burdo intento de emular este efecto a través de una forma de escribir que durante un tiempo consideré propia pero que abandoné, precisamente, por su complejidad. Es, ¡precisamente!, en la complejidad sintáctica de este relato donde reside su belleza.

 

Ella, perseguida, no por alguien o algo en particular, perseguida por aquella sensación de sentirse permanentemente acechada. Esa extraña sensación, familiar y desagradable a partes iguales la seguía donde quiera que fuese, la seguía día y noche. Era plenamente consciente de su presencia pero era incapaz de  interactuar directamente con aquella; evitarla eternamente o aceptarla como algo intrínseco eran sus únicas opciones.

Miseria y euforia dispensadas de forma alternativa por a aquella sensación; extremos marinados a través de sensaciones amargas y en absoluto intencionadas. Ocurre entonces, cuando cede y acepta aquella persecución, cuando reconoce el carácter intrínseco de aquello que la persigue, cuando, en definitiva, lo acepta y lo hace suyo, otra parte de su ser, que mutaba ella ipsofacto; mutaba psicológica e  inintencionadamente. En el fondo lo ansiaba; así es. Sensaciones y experiencias abstractas a través de una realidad enmascarada de normalidad encubierta. Así, sin querer, queriendo dejarse llevar por aquella embaucadora persecución se encuentra ella de repente en un estado inesperado, en un estado sin duda ansiado. Familiar y desagradable. Extrañamente placentero.

Ella acaricia su tersa melena rubia y cuestiona sus dudas, se cuestiona su existencia. Su cepillo se llena del cabello que cede al cepillado, se pregunta ella mientras mira el cepillo el sentido de su existencia, de sus contradicciones, se pregunta si, de hecho, ella y sus conflictos son reales o tan solo el producto de sinergias aleatorias… mira ese cepillo y dice, he aquí mi cabello ¿ergo sum? Ergo sum decide. Y puesta a ser, se pregunta, ¿decido ser aquello que sea que soy en este momento, o soy aquello que busco ser, aquello por lo que lucho, soy, en cambio, aquello de lo que vengo, o soy, en realidad, una mezcla de todas estas distintas versiones? Puesto que ella decidió, en aquellos escasos momentos de serenidad , decidió, digo, que la virtud está en el término medio, parece estar segura de que en realidad aquello que ella sea deber ser, en realidad, una mezcla de aquello que sea que es en este preciso momento (presente) de aquello que pretende tarde o temprano ser, y de su lucha para conseguirlo, como también de su pasado y esas experiencias e historias que de una u otra forma han acabado por guiarla hasta este efímero presente.

 

PS. Imagen original de @juliaorige

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