¿Sin rumbo?

Me apetece escribir sobre algo, pero no encuentro el qué. A veces ocurre que intentas darle tantas vuelta a la tortilla que acabas por comer huevos revueltos, no era lo que esperabas, puede saber bien, pero el resultado jamás será equiparable. Esta vez voy a dejar formalismos a un lado para escribir, sin rumbo ni destino, simplemente escupir palabras sin sentido. Cuando tu plan es este, un mosaico verborreico improvisado cuentas con la ventaja de no esperar nada de él, si acaso te sorprende probablemente sea para bien.

Y aquí estamos, fuera explicaciones, fuera formalismos, las líneas fluyen, pero, ¿qué sentido tiene esta forma de expresarse? Y retóricamente respondo, ¿acaso cada paso nos encamina hacia un destino premeditado o simplemente caminamos orientados vagamente por ideas abstractas? Tiempo ha hubiese dicho que somos dueños de nuestra suerte. Tras las la serie de catastróficas desdichas que me han traído a esta isla de verdes y grises no puedo si no decantarme por la idea de que es imposible aprehender algo tan etéreo como el incierto futuro que se esconde a la vuelta de cada esquina.

No se malinterpreten mis palabras, no pretendo dibujar una realidad donde la vida es un barco sin timón a merced del oleaje, triste panorama, ¿no? Simples monigotes de un destino que juega con nosotros cual cruel marionetista. Así, en verdad percibo esta inaprensible existencia como una carga de intenciones y deseos en un vaivén continuo navegando a través de un gigantesco océano de circunstancias. Quizás el problema no reside en que podamos  o no cumplir nuestros sueños o que su realización dependa de nosotros o dependa del universo, la cuestión aquí es que a veces los condicionantes pueden hacernos perder el norte y es ahí, en nosotros donde está la clave de nuestro ulterior futuro.

Pueden ser las circunstancias las que determinen el azar de nuestra situación, puede ser que por razones incomprensibles acabemos en lugares o estados de ánimo insospechados, puede ocurrir que acabemos desorientados por causas ajenas a nuestra propia voluntad, y sin embargo quien, ¿Quién sino nosotros somos los que perdemos el norte? Y digo yo, ¿Quién si no nosotros puede recuperarlo para nosotros mismos? Así pues sin importar los vientos que soplan, su dirección o su fuerza creo firmemente que uno debe agarrar el timón con fuerza, y mantener la mirada fija en ese difuso futuro. Quizás debamos luchar contra cíclopes o resistirnos al canto de las sirenas, esas dichosas circunstancias igual prorroguen nuestro viaje durante diez años. Durante diez años luchó Ulises contra las inclemencias y sin embargo acabó por llegar a casa, recuperar el trono y el amor de esposa.

Así pues atraído por el canto de sirena me acerqué a este acantilado rocoso y remando a contracorriente, sin saber muy bien ni cómo ni por qué veo al final, en el horizonte ese camino por el que debo luchar, no se muy bien de qué se trata, de la misma forma que no sabía muy bien sobre que escribir cuando empecé a vomitar ideas en esta parrafada, pero si estoy seguro de que la incertidumbre o el miedo a lo desconocido no es motivo de congoja, tan solo es una situación circunstancial, aguas por la que uno navegará cientos de veces. Estoy seguro que el resultado final estará a nuestra altura, lo mereceremos, pues no serán las circunstancias las que determinen nuestra situación, sino el empeño con el que las hayamos combatido.

Y finalmente, sin esbozar un esquema previo pero con el firme convencimiento de ofrecer algo honesto, este es el resultado.

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